Guayaquil tiene hasta 30 ratas por cada habitante

En Guayaquil, la presencia de roedores ha alcanzado niveles alarmantes. Según estimaciones municipales, en la ciudad podría haber hasta 30 ratas por cada habitante.

Uno de los puntos más críticos es La Bahía, en el centro de la ciudad. Este sector, considerado el corazón comercial de la ciudad, abarca unas 16 hectáreas donde operan más de 4 000 comerciantes. Durante el día, miles de personas compran y venden en calles saturadas y con alta presencia de comercio informal. Pero al caer la noche, otro tipo de actividad se toma el lugar: las ratas se desplazan entre los puestos, aprovechando el silencio y la oscuridad.

La proliferación de roedores está directamente relacionada con la acumulación de basura. Tachos desbordados, vasos plásticos, cartones y restos de comida crean un entorno ideal para su reproducción. Solo en La Bahía, las autoridades han identificado hasta 500 madrigueras.

“Las ratas hacen huecos en jardineras”, cuenta Samuel Martínez, comerciante de la zona, quien convive a diario con este problema.

Sin embargo, no se trata de un fenómeno aislado. El director municipal de Salud, Juan Carlos González, advierte que existen varios puntos críticos en la ciudad con alta presencia de roedores, especialmente en zonas donde abunda la comida, como mercados, restaurantes y áreas céntricas.

Durante 2026, el Municipio ha ejecutado más de 34 000 procesos de desratización en domicilios. No obstante, las intervenciones en espacios abiertos se han visto afectadas por las lluvias, que reducen la efectividad del veneno. “El veneno se deshace con el agua”, explica González.

A esto se suma la capacidad de adaptación de los roedores. Con el tiempo, desarrollan resistencia a los compuestos utilizados, lo que obliga a cambiar periódicamente los cebos. “Cuando ya conocen el producto, dejan de consumirlo. Por eso hay que renovarlo constantemente”, añade el funcionario.

Ante este escenario, las autoridades insisten en la necesidad de una corresponsabilidad ciudadana. “Podemos hacer desratización y fumigaciones, pero la gente debe colaborar”, enfatiza González.

El problema, advierten, no solo es sanitario, sino también estructural: mientras persistan las malas prácticas en el manejo de desechos y la acumulación de basura, las condiciones seguirán siendo favorables para la expansión de roedores en la ciudad.

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