El fujimorismo busca reiventarse tras la liberación de Keiko en Perú

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La líder opositora Keiko Fujimori, que recuperó su libertad después de 13 meses en prisión por el escándalo de corrupción Odebrecht, enfrenta el desafío de volver a convertir el fujimorismo en primera fuerza de Perú tras el desplome de ese movimiento radical populista.

La tarea de reposicionar el movimiento surgido con el expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) exigirá tender puentes y consensos entre la primógenita Keiko, de 44 años, y el benjamín del clan, Kenji, de 39, quienes están enfrentados por la herencia política del padre.

A su salida de prisión, el 29 de noviembre, Keiko mostró cuáles iban a ser sus prioridades, con unas declaraciones que sugirieron una suerte de repliegue táctico. La líder del partido fujimorista Fuerza Popular agradeció entonces “la nueva oportunidad” que vive, pero dijo que de momento invertirá su tiempo en su familia -es madre de dos niñas de 12 y 10 años-, su salud y la política, en ese orden.

La primera prueba del fujimorismo en las urnas será la elección legislativa extraordinaria del 26 de enero 2020. En 2016, logró 73 de 130 escaños, obteniendo la mayoría absoluta. Keiko tiene un handicap electoral: la investigación fiscal por supuestos aportes de la constructora brasileña Odebrecht a su campaña, que aún ensombrece su futuro político.

“La elección del 2020 no es tan importante en el largo plazo; es una prueba de marcas partidarias, pues las listas de candidatos al Congreso no contarán con el arrastre de una candidatura presidencial. Por eso Keiko puede darse el tiempo y tomarse sus prioridades“, dice el analista Carlos Meléndez .

Keiko se encuentra con un escenario político muy distinto al que había en Perú antes de su ingreso en prisión el 31 de octubre de 2018. Fuerza Popular ha perdido terreno desde entonces, después de que Keiko estuviese cerca de ganar la presidencia en 2011 y 2016.

El presidente Martín Vizcarra, al que trató de dominar sin éxito, disolvió el Congreso hace dos meses. Esa decisión socavó aún más la ya mermada base del poder de Keiko, pues ella dirigía el Congreso desde la sombra aunque ni siquiera era parlamentaria.

Para muchos observadores resulta difícil imaginar el fujimorismo como la fuerza avasalladora que fue entre 2016 y 2019, pero nadie se anima a darlo por desaparecido.

“Les va a ir mal, van a obtener una bancada en el Congreso, pero va a ser pequeñísima comparada con la de 2016 porque ahora están desacreditados, divididos, desmoralizados”, asegura el analista Fernando Rospigliosi. (I)

 

Fuente:www.eltiempo.com

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